domingo, 30 de octubre de 2011
Capitulo 23: Hibrida.
Aquel vampiro llamado Eleazar, no paraba de mirarme fijamente.
Aquellos ojos amarillos, reflejaban horror, susto… y miedo. ¿Pero porque? ¿Qué podía saber el de mí? ¿Qué vio en mí para temerme?
Todo el salón estaba en silencio, esperando a que aquel extraño –al menos para mi- hablara. ¿Pero que podía decir que no fuera tan evidente como el hecho de que no era de su agrado y que por alguna extraña razón, me temía?
-“Carlisle no sabe en lo se esta metiendo esta vez”- sus pensamientos eran furiosos. Sus ojos se posaron en Edward y los de el en Eleazar. Ambos estaban tensos, tanto, que Jasper lo sintió también. –“¡Ella no debería existir! ¡No puede existir!”- la voz de aquellos pensamientos, gritaban con desaprobación y horror. Los ojos de Eleazar me miraban fijamente, llenos de furia. Y conocía esa mirada, y la conocía bien. Ya la había visto antes. Me tense, quedándome inmóvil en mi lugar, mirando como Eleazar abría y cerraba sus puños, al momento que bajaba de las escaleras pausadamente. Y en cuanto lo hizo, Jasper se coloco delante de mi, Emmett y Alice a mis costados y Edward a mis espaldas, junto con Esme y Rosalie. -¡Es una hibrida!- gruño al tiempo que los miraba a todos, sin entender la reacción de los Cullen.
-¡¿Hibrida?!- aquella mujer que acompañaba a Eleazar, me miro con el mismo horror y temor, pero también asombrada. Y fue ese asombro la que le hizo bajar de las escaleras velozmente. Pero su esposo la tomo por el brazo, deteniéndola, cuando quiso acercarse a mí y a mi escudo.
-Si. Y una muy poderosa.- su mano arrastro a su esposa hasta su costado, sin dejar de mirarme, como si esperara algún tipo de reacción por mi parte. –“Y peligrosa”- pensó.
-¡Eso es imposible, Eleazar!- los ojos de aquella mujer iba de Eleazar a mi, una y otra vez. –Es solo una niña.- susurro la mujer apenada.
-Me llamaste por información.- dijo seriamente a Carlisle, mirándolo de reojo. –Bien… ¿Qué quieres saber sobre ella?
-Todo.- conteste por Carlisle, sin darle la posibilidad de que hablara. El me miro y sonrío un poco. –Quiero saber todo sobre mi.- toque el hombro de Jasper y, este, me miro, algo dudoso, asintiendo una sola vez y moviéndose un paso, hasta quedar junto a Alice. –Pero mas que nada, quiero saber porque me considera un peligro.- camine hasta el lado de Carlisle, sin dejar de mirar a Eleazar. Este, bajo las escaleras, sonriendo de lado irónicamente.
-No tienes ni la mas minima idea de lo que eres ¿no es así?- se coloco delante de mi, a una distancia que considero prudente y segura, aun tenso. Note de reojo como Jasper se tensaba y miraba a Eleazar fijamente, atento a cada uno de sus movimientos. Y no era el único. Edward también lo hacia.
-Si lo supiera, no estaría aquí.- dije desafiante. –Los Cullen creen que usted puede darme la información que necesito sobre lo que soy.- Carlisle toco mi hombro, sin dejar de sonreír. –Si usted tiene esa información, se lo agradecería que me lo dijera. Si no lo hace por mí, al menos hágalo por ellos.- suspire y mire de reojo a Rosalie. –No quiero volver a atacarlos.- susurre bajo.
-¿Qué?- farfullo Eleazar, mirando horrorizado a Carlisle, quien coloco su brazo en mis hombros.
-Debes sacar esa idea de tu cabeza, Row.- susurro Carlisle tiernamente. –Nada nos paso. Y solo lo hiciste por defender tu postura. No debimos obligarte a beber sangre humana.- dijo apenado.
-¿La obligaron a beber sangre humana?- musito Eleazar asombrado.
-Tratamos.- contesto Carlisle sin dejar de sonreír. –Pero su fuerza de voluntad, ante su postura de no hacerlo, fue más fuerte. Aun cuando ella estaba sufriendo.- Carlisle me miro y en sus ojos note cierto brillo de orgullo y respeto, y eso me hizo reír un poco.
-Eso es imposible.- susurro incrédulo, y mas asombrado aun, Eleazar.
-No lo es.- Fred se hizo presente en aquel salón. –Desde que despertó, Row solo se ha alimentado de sangre de animal.- se acerco, colocándose al lado de Edward, con su postura seria y de brazos cruzados, mirando a Eleazar seriamente, casi con enojo y odio. –Lo se porque yo mismo la he estado vigilando.- volvió su mirada hacia mi y sonrío de lado.
-¿Tu la convertiste?- prejuzgo Eleazar, mirándolo fijamente y haciéndole frente.
-No.- me coloque delante de Fred, utilizando mi cuerpo como escudo, en caso de un posible ataque hacia mi salvador. –El solo me salvo la vida.- dije firmemente, sin dejar de mirar a Eleazar.
-Te contaremos todo lo que quieras saber, Eleazar. Sabes bien que no hay secretos entre nuestras familia, y que aun te debemos el que te hayas involucrado en el pasado para defender a Nessie.- dijo Carlisle, colocando su mano derecha en el hombro de Eleazar y este lo miro.- Pero necesitamos que nos digas que es lo que sabes sobre los híbridos. Necesitamos saber que podemos hacer para ayudar a Row.
-Carlisle, sabes que res mi amigo y parte de mi familia, y que no me debes nada con lo sucedido en el pasado. Era nuestro deber también proteger a una niña inocente, libre de culpa de venir a nacer en nuestro mundo.- miro de reojo a Edward y este sonrió. –Pero en cuanto a ella…- se giro y me miro fijo a los ojos. Y pude verlo claramente. –…debo decirte que nada puedes hacer.- y allí estaba, la tan odiada lastima y pena. Las odiaba a ambas. –“Morirás dentro de poco”.- pensó.
-No puede ser cierto.- susurro Edward y todos lo miraron sin saber que sucedía. Mis piernas temblaron ante aquella revelación.
-“Me lo merezco”.- pensé, sin el suficiente valor para mirar a Edward, pero siendo conciente de que estaba atento a mis pensamientos tanto como a los de Eleazar.
-¿Qué sucede? ¿Qué leíste en su cabeza?- pregunto Fred, mirando a Edward. Y al ver que nadie le contestaba grito. – ¡¿Qué esta sucediendo?!
-¿Eleazar?- susurro la mujer, cuyo nombre aun no sabia, tomando la mano de su esposo. Este la miro con la misma pena.
-Lamentablemente, el periodo de vida de los de su especie, es corto.- volvió a mirarme fijamente a los ojos. –Solo de unos meses, como mucho y con suerte, un año.- suspiro. –“Lamento ser el portador de esta noticia”.- pensó. Sonreí de lado, secando una lagrima que se me había escapado sin que nadie lo notara.
-Alguien como yo no debería existir ¿no es así?- lo mire fijamente.
-Debe haber algo que podamos hacer por ella.- susurro la mujer, que no paraba de mirarme. Como si la noticia, de mi proximidad a la muerte, le afectara realmente.
-Lamentablemente no podemos hacer nada.- suspiro pesadamente. –Una mordida de nuestra especie a la suya, a un metaformos, como a cualquier humano, es letal.- soltó la mano de la mujer y se encamino hacia mi, sin dejar de mirarme. –En ambos casos, nuestra ponzoña los convierte. En el caso de un humano en alguien como nosotros, un vampiro. Pero en ellos…
-Los convierte en híbridos.- murmuro Carlisle pensativamente.
-Asi es.- respondió Eleazar.- Ambos también comparten factores en común.- comenzó a caminar a mi alrededor, como si me examinara. –La muerte en el proceso de transformación, es uno de esos factores. Ambos cuerpos son débiles para nuestra ponzoña.- podía sentir su respiración en mi nuca, muy a pesar de que me rondaba a una distancia en la cual no me tocaba. –El otro factor, es que pueden o no desarrollar dones a ambas especies. Aunque, en el caso de los metaformos, solo hace que disminuya su probabilidad de existencia.- se detuvo frente a mí, notando, una vez más, en sus ojos amarillos, su pena y lastima que aun me tenía. Incluso podía sentirlas, haciendo desaparecer ese odio que en un principio sintió por mí. Aunque sabia que no era hacia mi realmente, sino hacia lo que era.
-Entonces ella no entra en esa descripción.- farfullo Edward. –O…
-Entraría como humana.- termino Carlisle.
-¿Disculpa?- murmuro Eleazar, mirando sobre su hombro izquierdo a Carlisle.
-Cuando Row fue mordida, no estaba en fase de transformación.- explico.
-Pero creí que me habías dicho…
-Si Eleazar, Row es una metaformos, lleva los genes en su sangre.- sonrió de lado. –Pero, al momento que la atacaron, ella aun era humana.
-Explícate mejor, querido Carlisle.- volvió a mirarme.
-Mejor que lo haga quien la ha cuidado todo este tiempo.- Carlisle miro a Fred. Este se tenso, mientras todos lo miraban, y clavo sus ojos negros en mí. Fred llevaba días sin alimentarse y sus ojos reflejaban aquella sed que sentía.
Mientras Fred explicaba y contaba con detalles todo lo sucedido – desde mi ultimo día como humana, hasta el día que desperté y llegue aquí- afuera de la casa, los lobos no paraban de gruñir y hablar sobre lo que estaba ocurriendo, sintiéndose algo excluidos del tema.
Podía oírlos a todos. A Jacob con sus pensamientos serios y tratando de mantener el control en su manada, atento y en la espera de que yo hablara, mientras que se preguntaba -una y mil veces- si había hecho bien en quedarse afuera. A Leah, con sus pensamientos llenos de furia, tratando de convencer a Jake en que seria mejor informarle a Sam y a los del Consejo, mientras que Quil y Embry debatían en quien le daría el mordisco para que ella dejara en paz a Jacob y se callara de una vez.
Podía oírlos a todos ellos, pero no a Seth. Lo cual llamo mi atención, olvidándome, por unos minutos, de la charla que mantenían Fred y Eleazar.
¿Dónde podría estar? ¿Qué sucedió entre el y Jacob? ¿Sabría ya Jake que todo este tiempo estuve oculta en casa de Seth? ¿Lo habría castigado? Esa eran las preguntas que surgieron y rondaban en mi mente al notar la ausencia de pensamientos por parte de Seth.
Suspire pesadamente, y mientras lo hacia, mis ojos se perdieron en los enormes ventanales del salón, mostrándome un hermoso atardecer con el bosque de escenario.
-“Tranquila”.- pensó Edward. Me gire para mirarlo. –“Jacob le ordeno a Seth ir con Sam para averiguar si saben lo que esta pasando”.- me regalo una sonrisa. –“Y no sabe nada de tu complicidad con el”.- reí internamente, mirando al suelo.
-“Gracias”- pensé y mire a Carlisle, quien estaba serio y concentrado. –“¿Qué le sucede a Carlisle?”
-“Nada malo. Solo esta tratando de averiguar como es que una transfusión detiene mas rápido tus dolores que el beber directamente la sangre”.- volvió a mirarme. –“No quiere darse por vencido contigo”.- sonrió de lado. Saber eso solo me hizo sentir culpa y gran admiración hacia Carlisle. Se estaba jugando su existencia y todo su conocimiento, como medico, en salvar mi vida.
-“¿Estas bien?”- pensó Jasper, mirándome fijo, sin soltar la mano de Alice, quien también fijo sus ojos en mi. Lo mire asombrada, mientras asentía una sola vez, regalándole una sonrisa. –“No me mientas”.- sonrió de lado, y mire a Edward.
-“¿Puede sentirme?”- Edward rió un poco y miro a Jasper.
-“Gracias a tu mordisco”- miro a su hermano, intercambiando miradas y sonrisas picaras. Era por esto que Jasper no me odiaba. Ahora podía sentirme y sacar, por el mismo, las conclusiones de cuan peligrosa era para el y su familia.
-Creo que deberian hablar de esto en tu despacho, Carlisle.- dijo Esme cordialmente. –Allí estarán más tranquilos y no pondrán tan nerviosa a Row.- me miro y sonrió. –La pobre ya ha pasado por mucho.- se encamino hacia mi y tomo mis manos.
-Estoy de acuerdo con Esme.- dijo la mujer, saliendo de atrás de la protección a la cual Eleazar la mantenía.
-Y yo.- dijo Jasper. –Necesitas un poco de aire fresco.- me miro, aun sonriendo.
-Estoy de acuerdo con Jasper.- intervino Emmett, con su postura de brazos cruzados sobre su pecho, todo sonriente y con sus ojos picarones sobre mi. –“Aunque lo que realmente necesita, es una buena distracción. Una pelea, por ejemplo.”- pensó. Edward y yo reímos.
-“No le gusta perder ¿no es así?”
-“No. Su orgullo se lo impide.”- contesto Edd, sin dejar de reír.
-¿Qué?- farfullo Emmett, mirándonos, sin entender el porque de las risas.
-Eleazar, Fred.- susurro Carlisle cordialmente y señalo el camino hacia su despacho. –Por aquí, por favor.- Eleazar me miro una vez más y siguió a Carlisle seriamente. Fred me regalo una sonrisa torcida, de esas que tanto me gusta ver, y guiño un ojo, desapareciendo tras Carlisle y Eleazar.
-Disculpa a Eleazar.- dijo la mujer extraña aun para mí. –Suele ser algo… cerrado y excéntrico ante lo que somos y de lo que somos capases.- sonrío. –Pero es una buena persona.- se encamino hacia mi pausadamente, como si dudara de mi y mi tranquilidad; extendió su mano, algo temblorosa ante mi, y se presento. –Soy Carmen Denali.
-Es un placer.- tome su mano y, esta, se sorprendió al notar el calor en la mía, mirándola fijamente. Esme se coloco a mi costado y coloco su brazo en mis hombros.
-¿Deseas algo de comer o beber?- susurro dulcemente. –Puedes pedir lo que desees y lo preparare con gusto.- me giro guiándome al sofá.
-No, gracias.- la mire sonriendo.
-Ella ya se alimento, Esme.- dijo Edward, mirándonos a ambas sonriendo.
-Oh.- Esme miro a Edward y luego a mí. –Bueno, si llegas a tener hambre, solo avísame ¿si?
-Lo haré, gracias.- Aquella amabilidad de Esme, sin importarle si corría o no peligro conmigo, me hacia recordar a mi madre. Siempre predispuesta a ayudar, a dar amor por sobre todo. Y fue ese amor el que me lleno de angustia y dolor por recordar a mi difunta madre. –Si me disculpan, creo que seguiré el consejo de Jasper.- lo mire, mientras liberaba mis hombros del brazo de Esme con delicadeza y sin lastimar sus sentimientos con mi acción. –Necesito tomar un poco de aire fresco.- Jasper sonrió y asintió. –Permiso.- susurre mirándolos a todos. Pero al girarme hacia la puerta, Rosalie impedía que avanzara, colocándose tensa ante mi.
-Rosalie.- murmuro Edward, borrando de su perfecto rostro aquella sonrisa que había mostrado todo el tiempo, para fulminar con la mirada a su hermana. Esta, luego de un momento de mirarme desafiante, se movió a un costado, dejándome el camino libre.
-Gracias.- susurre. Ros movió su rostro hacia un costado, chistando y arrugando su nariz como si yo apestara. No le preste atención y salí por la puerta, aferrando el diario de mi padre a mi pecho, tomando exageradamente aire, una y otra vez, fuera de la casa.
Comencé a caminar hacia el bosque, sin mirar hacia atrás.
Necesitaba estar un tiempo, unos minutos, sola y sin que nadie se sintiera en peligro ante mi presencia. Porque era así como ellos se sentían, en peligro.
A unos cuantos metros –no muy lejos de la casa Cullen- me detuve. Y como si el destino se burlara de mí, un tronco en medio del camino impedía que avanzara más allá.
Reí ante la ironía de aquella situación y me encamine hacia el tronco, sentándome en el y sintiendo mis lagrimas amenazar, con su exposición, mi rostro.
Aquella noticia que Eleazar había traído, me estaba absorbiendo. Y a aquella absorción, se le sumaba el cansancio y la tristeza. Cansancio por tener que huir de lo que era, por tener que enfrentar siempre una nueva realidad, una nueva situación. Mi muerte. Y tristeza por no haber llegado a disfrutar de mi nueva familia, por no tener el valor de decirle a Sam que el era mi hermano y que lo estuve buscando desde que puse un pie fuera del hospital; tristeza por saber que la noticia –una vez que se volviera realidad- le rompería el corazón a Billy, a Emily, a Sue, a Jacob…
Suspire mientras acariciaba la tapa del diario, sintiéndome incapaz de seguir nombrando a todos aquellos que se verían afectados por mi muerte. En especial, pensar en… Baje mi mirada hacia el diario, ubicado en mi regazo.
Aquel diario, que tanto protegía y había llevado todo este tiempo conmigo, parecía tener las respuestas a lo que era mi otra mitad, a lo que eran Sam y el resto de los chicos. Y había llegado el momento de leerlo y, así, descubrir mi lado Quileute.
Tire del fino cordón de cuero –que al parecer Billy había colocado- y desate el nudo. Tome con temor el diario en mis manos y comencé a pasar las hojas –amarillentas por el paso del tiempo- moviendo en un solo movimiento, de izquierda a derecha, el diario. Pero al hacerlo, estas se detuvieron a la mirad del trayecto, donde una fotografía servia de señalador. Era la fotografía donde estábamos Billy, mi madre y yo.
“Billy”, pensé mientras sostenía la foto, observando solo a mi madre, y suspirando ante el dolor que causaba saber que era lo único que tenia de ella.
Luego de unos segundos de observar aquella fotografía, la aparte y, debajo de esta, se encontraba el sobre blanco que llevaba el nombre de Sam Uley. Lo tome en mis manos, girándolo, dudando en si era lo correcto o no abrirlo.
“¡No, Row! No es de tu incumbencia abrirlo. No te pertenece. Es de Sam y solo el puede abrirlo”, pensé mientras colocaba el sobre junto a la fotografía. “Además… ¿Qué puede decir que no sepas ya?”
Al tiempo que volvía mi vista, decidida a solo concentrarme en saber que decía el diario, una palabra en aquellas hojas amarillentas resaltaba en letra grande y oscura. La palabra “IMPRIMACION”. Bajo de esta, decía:
<<La imprimación es la unión mas fuerte que podemos llegar a sentir, los Quileutes, por un humano.
Si llevas el gen, no podrás escapar de ella. Y solo podrás imprimar a una sola persona, una vez que hayas pasado por el proceso de transformación…>>
La letra reflejaba seriedad ante el tema. Y cada vez que la palabra imprimación aparecía, esta, estaba escrita en mayúscula, como dándole importancia a aquella palabra.
<<Cuando sea el momento, y ya hayas imprimado, notaras ciertos cambios en ti. No te asustes, es parte del suceso. Y si ya estabas en pareja, lamento decirte que, por más que no quieras, tendrás que dejarla.
Tu unión hacia quien imprimas, será de por vida.
La continuidad de la manda Quileute depende de esto. Forma parte del proceso de ser quier eres. Y lamentablemente, no tienes elección…>>
Mi respiración se acelero ante lo que leía y comprendía.
¿A caso formaba parte de un perverso estilo de equilibrio sobrenatural de preservación del gen Quileute? De un gen que, lamentablemente, llevaba y que no solo estaba matándome, dado a mi otra parte – mi parte vampiriza-, sino que también ¿me uniría a una persona de la cual no podría separarme nunca?
-Impresionante ¿no es así?- murmuro a mi costado derecho Edward, haciendo que me sobresaltara. Estaba sentado a mi lado, con sus ojos puestos en mí.
-¡Maldición!- susurre y aferre el diario con fuerza sobre mis piernas, cerrándolo. –Me asustaste, Edward.- lo mire, aun sobresaltada.
-Lo lamento.- sonrió divertido al ver mi rostro y oír como latía desenfrenadamente mi corazón. –No fue mi intención asustarte.
-¿Qué haces aquí, Edward?- desvíe mi mirada de el.
-Vine a asegurarme de que estuvieras bien.- dijo aun sonriendo.
-¿A asegurarte de que estuviera bien?- lo mire y me coloque de pie, caminando varios pasos. – ¿O a controlar de que no haya escapado de nuevo?- sonreí un poco.
-En realidad, fue Esme quien me pidió que viniera a verte.- me gire para mirarlo. El aun se encontraba sentado en el tronco, mirándome fijamente.
-Oh.- asentí y ambos reímos un poco, quedándonos luego en silencio por varios segundos.
-Veo que has decidido leerlo.- señalo sonriente el diario.
-Sip.- suspire. –Creo que llego la hora de saber sobre mi gen.- mire el diario en mi mano izquierda. –Además, estoy un poco harta de quedarme de brazos cruzados y ver que otros se llevan la diversión.- volví a mirarlo, mientras sonreía de costado. El volvió a reír un poco.
-Y vaya que has empezado por un gran tema.- se puso de pie y cruzó sus brazos sobre su pecho. –La imprimación es un suceso extraño pero fascinante.- dijo misteriosamente.
-¿Fascinante?- repetí algo incrédula. – ¿Has visto que le haya pasado a algunos de la manada?- di un paso hacia el.
-“No hace falta que este en el lugar y en el momento en el que suceda”.- pensó mientras señalaba su sien con su dedo índice, sin dejar de sonreír. –Por lo visto Jacob no te lo ha contado aun.
-¿Contarme que?- di otro paso mas hacia el.
-Lo de Sam y Emily, el porque Leah dejo la manada de Sam para unirse a el, el porque nunca va a su casa cuando están Paul y Rachel, el porque Quil esta todo el tiempo con Claire…- avanzó un paso hacia mi. –Es por la imprimación.
-¡Woow, woow, woow, woow!- hice señas con mi mano para que se detuviera. –Espera… ¡¿Quil imprimo a Claire?!- dije al recordar a la pequeña Claire, inocente y juguetona. –Pero es solo una niña.- murmure. Edward rió un poco.
-Creo que será mejor que siguas leyendo el diario.- dijo sin dejar de reí. –Me sorprende que Jacob no te haya contado sobre esto.- lo mire fijamente, tratando de leer sus pensamientos, pero ocultaba muy bien aquello que no quería decirme. Ambos nos quedamos mirándonos en silencio y, antes de que pudiera preguntarle por aquello que ocultaba, Alice se hizo presente.
-“¿Interrumpo algo?”- pensó mientras se detenía a varios metros de nosotros. Y en cuanto la mire, note en sus ojos la proximidad a la que nos encontrábamos Edward y yo.
-No, Alice.- dijo Edward en voz alta mientras giraba su rostro un poco para mirarla y dedicarle una sonrisa. – ¿Qué necesitas?
-De ti, nada.- dijo sonriente y se encamino hacia mí. –Carlisle y Eleazar desean hablar contigo.- tomo mi brazo derecho, colocándose en medio de Edward y yo. Miro a su hermano al pasar y comenzó a caminar, arrastrándome con ella a su paso. Edward volvió a reír, pero esta vez ante algún pensamiento de su hermana, que no pude captar, dado a que mi concentración estaba en los pensamientos del divertido Edward. Y estos, no estaban diciendo nada.
El trayecto de regreso a la enorme casa, fue silencioso. Salvo por los pensamientos de Alice, quien no paraba de planificar días enteros de compras y salidas, mientras que los de Edward seguían en silencio. ¿Qué podría estar ocultando?
Llegados a unos metros de la entrada principal, Alice soltó mi brazo y se adelanto para anunciarme. Edward se quedo a mi lado, caminando a mi paso y, en cuanto llegamos a la puerta, la sostuvo para que pasara.
Una vez dentro y en el salón, y mientras mí nerviosismo crecía, todos se quedaron mirándome fijamente. Y todos estaban sonriendo, como si fuera que la nueva noticia que fueran a darme Carlisle y Eleazar los hiciera feliz. A todos, excepto a Rosalie, quien me miraba furiosa y seria.
Carlisle, Eleazar y Fred, salieron del despacho, seguidos, para mi gran sorpresa, por Jacob. Con tantos vampiros en el salón, era obvio que no pudiera percibir su olor.
-“¿Qué hace Jacob aquí?”- pensé mientras miraba a Edward.
-“Tranquila. Carlisle lo llamo para que le contara a Eleazar sobre lo que produce el gen Quileute.”- pensó y sonrió. -¿Y bien, Carlisle?- pregunto mirando a su padre. Todos miraron a Carlisle, esperando a que este hablara, pero el solo miro a Eleazar y asintió hacia el. Y este copio su gesto, concentrando su mirada en mí.
-Lamento si mi noticia anterior produjo algún sentimiento erróneo.- se encamino hacia mí, sin dejar de mirarme. –Mi reacción fue ante lo que eres y no ante quien eres. Veras…- suspiro. –los híbridos son seres despiadados, sin sentimientos. Temibles para cualquier vampiro de antaño como yo, quien los ha visto destruir aquelarres completos sin piedad ni misericordia. Incluso, en ocasiones, humanos inocentes.
-Entiendo.- susurre. –Pero yo no soy así.
-Lo se.- sonrió y se acerco otro paso mas hacia mi. –Cuentas con buenos amigos que te conocen mejor de lo que crees.- miro a Fred, quien estaba apartado de todos, pero atento a la charla. Lo mire y sonreí. Jacob lo fulmino con la mirada, mientras que Jasper y Edward reían bajo. –Eres un ser único Row Mcfilson.- Eleazar volvió a mirarme. –Y con la ayuda de Carlisle llegaras a controlar y manejar lo que eres.
-¿Disculpe?- susurre.
-Los dolores que has estado sintiendo…- intervino Carlisle. –se deben a que has estado atrasando tu transformación.
-¿Mi transformación?- lo mire.
-Si.- aseguro Jacob. –Tu transformación a lobo.
-¿Qué?- lo mire.
-Por laguna extraña razón, te rehúsas a convertirte. –Carlisle se coloco a la par de Eleazar. –Creemos saber el porque.- miro de reojo a Jasper.
-¿Jasper? ¿El?- mire a Jasper, quien estaba con sus brazos hacia atrás.
-No, no yo.- dijo el, mirándome. –Se debe a lo que te causa el proceso.- susurro el. –Tu cuerpo no soporta la transformación. Fue por eso que no llegaste a huir aquel día. Te agotas en el proceso.- sonrió de lado.
-¿Qué?- seguía sin entender nada de lo que hablaban.
-¿Recuerdas el día que te encontraron Jasper, Emmett y Leah?- me pregunto Carlisle. Negué con mi cabeza.
-Solo hasta el momento que empecé a sentir dolor.- dije. –Jasper le ordeno a Leah marcharse, mientras que Emmett me arrastraba lejos de ellos.- farfulle rápidamente, mientras mi respiración se agitaba en mis vanos intentos de recordar el después. –Luego el dolor se intensifico y me costaba respirar.
-Ese día entraste en el proceso de transformación. Te convertiste en lobo, pero tu cuerpo no resistió y consumió toda tu energía.- dijo Carlisle. –Cuando llegue, te encontré desnuda y semiinconsciente en el suelo.- tomo mis manos. –Fue tu lado vampirico y ese autocontrol sobre el lo que impidió que te transformes. Llegaste al punto de adaptar ambos seres en ti.- sonrió. –Tu lado Quileute humaniza a tu lado vampirico, mientras que tu lado vampiro detiene tus dolores.
-Eso lo explica todo.- murmuro Edward. –Cuando siente sed, su lado Quileute se encarga de controlarla y calmarla através de transfusiones. Y cuando la bebe…
-Retraso mi transformación.- concluí mirándolo. –Es decir ¿qué creo la necesidad de beber sangre por miedo a transformarme?- mire a Carlisle y a Eleazar, una y otra vez.
-No solo por miedo.- contesto Jasper mirándome fijamente. –Lo haces para no sentir dolor. Es tu cuerpo el creo la necesidad de beber sangre como mecanismo de defensa ante tu transformación.
-Y ese mecanismo es el que te esta produciendo los desmayos.- Carlisle soltó delicadamente mi mano y sonrió.
-Entonces… ¿es eso lo que me esta matando?- mire a Eleazar una vez mas. El rió un poco.
-No.- dijo mirándome. Es lo que trataba de decirte al principio de esta charla.
-¿Row no esta muriendo?- pregunto Esme, con cierto aire de alivio, colocándose rápidamente a mí costado derecho, volviendo a colocar su brazo en mis hombros y sonriendo.
-No, no lo esta.- hablo Fred, sonriendo de lado y acercándose al grupo. –Pero deberá dejar que salga su lado lupino si no quiere seguir preocupándonos con sus desmayos.- suspire aliviada ante aquella nueva noticia, sintiendo la necesidad de llorar de felicidad. Pero contuve esa parte.
-¿Y como lo hará?- pregunto Alice mirando a Eleazar.
-Con mi ayuda.- contesto Jacob seriamente. Lo mire y luego mire a Carlisle.
-Solo el y su manada saben como hacerlo.- dijo. –A no ser que quieras llegar al punto limite en que la sed te domine.- negué con mi cabeza fervientemente, decidida a no tener que pasar otra vez por aquello. –Eso pensé.- susurro Carlisle.
-¿Qué hay de su don?- pregunto Edward a Eleazar. Y este, a mí.
-En mis años que llevo como vampiro he visto a alguien tan poderoso como ella.- me miro. –Incluso los mismísimos Vulturis le temerían.- todos se quedaron en silencio, mirándome fijamente.
-¿Por qué?- pregunto Carmen. – ¿Qué don posee esta niña?- se acerco, colocándose a mi otro costado y sonriendo.
-Ese es el problema, mi querida esposa.- contesto Eleazar. –No hay palabra que describa su don.- sonrío. –Si bien, todos dirían que su don es el autocontrol, no es el único que posee en estos momentos… ¿o me equivoco?
-No lo hace.- conteste.
-Aprendes rápido de sus dones.- se acerco a mi un paso mas. –Y los utilizas para mantenerte a salvo y alerta. Pero al hacerlo creas una especie de control sobre ellos, que con practica podrías hacer incluso mas nítidas y duraderas las visiones de Alice, por ejemplo, quien podría ver incluso a los lobos.- miro a Alice y esta sonrió ampliamente.
-¿Qué hay de ese instinto de protegerla a ella que nos hace sentir a todos?- pregunto furiosa Rosalie. –Porque se que todos lo han sentido, incluso tu Eleazar.
-Así es.- dijo Eleazar, aun sin dejar de mirarme. –Lamentablemente no tengo explicación para eso.- se giro y camino hacia Rosalie, colocando su mano derecha en su hombro. –Lo único que puedo decirte Rosalie, es que ella no te hará daño con eso.- mire a Rosalie y esta bufo rindiéndose.
-Entonces…- mire a Carlisle. – ¿Cuándo empiezo mi entrenamiento?- Jacob se acerco a mi sonriendo ampliamente.
-Por mi, hoy mismo.- dijo.
-Creo que Row debería descansar por hoy.- intervino Fred.
-Estoy de acuerdo con el.- coincidió Jasper. –Demasiadas emociones juntas.- me miro y sonrió de lado. Jacob borro su sonrisa y se cruzo de brazos, mirándolo. Sabía que solo lo estaban haciendo para molestar a Jacob.
-Y deberías alimentarte.- dijo Alice. Todos, a excepción de Edward y yo, la miraron seriamente. –Hablo de alimentarse como humana.- Edward y yo comenzamos a reír bajo.
-Alice tiene razón.- dijo Esme. –Te preparare algo para cenar.- susurro mientras me abrazaba. –Me alegra saber que estarás bien.- murmuro dulcemente.
-Gracias.- murmure al tiempo que la soltaba y la miraba.
-Te ayudare en la cocina.- se ofreció Carmen. Y ambas se giraron hacia la cocina, seguidas por Rosalie, quien no quería estar en el mismo lugar que yo.
El resto, se acomodaron en el salón, ocupando el sofá y algunas sillas.
Edward se coloco en el piano y comenzó a tocar mi canción. Y no pude evitar sonreír al escucharla.
Afuera la noche se iba haciendo presente y, con ella, la finalización de un día de muchas revelaciones y secretos. Secretos por parte de Jacob y Edward.
Abordada por la emoción que reflejaba mi canción –interpretada en manos de Edward- no pude evitar pensar en aquellos tan temibles y renombrados Vulturis.
-¿Qué pasara cuando los Vulturis vengan aquí?- mire a Carlisle. –Porque los oí decir que vendrán.- busque con mi mirada a Edward, quien dejo de tocar el piano, y miro a Jasper. Pude sentir como crecía el odio en Jacob, gracias al don de Jasper. Y no era el único que lo sentía.
-Llegado el momento sabremos que hacer.- dijo seriamente Carlisle. Emmett sonrió ampliamente, mientras hacia tronar sus dedos de ambas manos y su cuello, como si estuviera precalentando para una pelea.
-¿Y si no me aceptan? ¿Si creen que no debo existir?- mis ojos se clavaron en Eleazar, recordando su reacción al verme. Y sus palabras retumbaban en mi mente… “¡Ella no debe existir!”… “¡Ella no puede existir!”
Ninguno contesto mis preguntas.
Todos los presentes se quedaron en silencio, agachando sus cabezas, llenando el lugar de pura tensión. Y sabía porque era. Incluso la postura divertida de Emmett lo indicaba.
Si no me aceptaban, librarían batalla para defenderme.
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Capitulo 22: Mi Cómplice.
Seth parecía ser el compañero ideal. Alguien que se ahorra, y guarda para si, preguntas que podían no tener respuestas, o puede que las tuviera pero no de la forma que el quisiera oírlas.
Su sonrisa, de lado, estaba tallada en aquel rostro cobrizo, durante todo el día. Sus ojos oscuros vigilaban cada actitud mía, cada movimiento, y en ellos pude ver que su curiosidad, por saber el porque había huido, brillaba con tanta claridad, que hacia que sus ojos se vieran mas hermosos aun bajo la tenue luz de velas que nos rodeaba.
La cena, –al igual que el desayuno y el almuerzo-, fue servida en la misma pequeña mesa, adornada solo para dos, tiernamente. Y fue devorada en aquel silencio que nos rodeaba a ambos, en el que no parábamos de mirarnos uno al otro, esperando que alguno de los dos se decidiera a preguntar o comentar algo que diera inicio a una charla o debate. Pero ninguno lo hizo. Y el silencio siguió siendo nuestro invitado colado, hasta que el decidió hablar, con cierto aire de orden…
-Dormirás en mi cama.- se coloco de pie y levanto ambos platos, colocándolos en el lavaplatos. Me quede mirándolo por unos minutos, tratando de no caer en el doble sentido que había encontrado en sus palabras, despejándolas con un movimiento de mi cabeza.
-¿Qué hay de ti? ¿Dónde dormirás?- copie su acto y le pase los vasos, bandejas y cualquier otro utensilio que hayamos utilizado ambos.
-No te preocupes por mi.- abrió el grifo para comenzar a lavar. –Dormiré en el sofá que hay en la habitación.- me miro. –Es plegable.- sonrió. –Lo sacare para que tengas la habitación para ti y puedas tener algo de privacidad.
-No puedes hacer eso.- comencé a secar los platos que el lavaba y dejaba. –Si alguien decide hacerte una visita inesperada y ve que duermes aquí y en un sofá, creerán que hay alguien más. Y si descubren que estoy aquí, ambos estaremos metidos en un enorme lío.- comenzó a reír mientras seguía lavando. – ¡Y mas tu!- reí con el. – ¡No te rías!- lo golpee con el trapo y el salpico agua a mi rostro sin dejar de reír.
-¡Ya, ya, ya!- levanto sus manos en señal de rendición mientras yo secaba las gotas de mi rostro, riendo ambos. –Tienes razón.- sonrió. – ¿Qué propones?- pensé por unos minutos lo que iba a contestarle.
-Puedes quedarte en la habitación.- sonreí y deje el trapo a un costado, desviando mi mirada de el.
-¡No dejare que duermas en el sofá!- me miro fijo.
-Nunca dije que dormiría en el sofá.- sonreí. –Solo digo que puedes quedarte en la habitación y dormir en el sofá como deseas y quieres.- cerré el grifo mientras lo miraba por sobre mi hombro izquierdo.
-¡Bien!- cruzo sus brazos por sobre su pecho, sonriendo satisfactoriamente ante mi derrota.
-¡Bien!- imite su postura y sus gentos, y el rió. Ambos lo hicimos.
Luego de unos minutos de risas y de haber terminado de lavar y acomodar todo, me guío con una vela hasta la habitación; la deposito en un mueble y se giro hacia el armario para sacar mantas y frazadas, colocándolas sobre la cama, mientras yo acomodaba y separaba algunas almohadas para el.
Nada parecía demostrar que éramos unos desconocidos apunto de compartir una habitación. El no mostraba incomodidad alguna, ni nerviosismo, ni nada por el estilo. Y yo…estaba cómoda… extraño ¿no?
-Creo que necesitaras otra ropa para dormir.- me miro de reojo, sonriendo mientras se enderezaba y salía de la habitación.
-Estoy bien así.- mire mi ropa e hice un gesto de indiferencia.
-Ten.- regreso con una enorme camiseta oscura y un short corto. –Espero que te sirvan.- señalo el short. –Leah los dejos aquí hace tiempo.- sonrió de lado.
-Creo que será mejor que los guardes.- se los entregue haciendo un gesto de ‘no gracias’.
-Puedes usarlo. Al menos hasta que laves tu ropa.- lo extendió de nuevo hacia mí.
-No, gracias.- empuje su mano y sonreí. –Me quedare solo con la camiseta.
-¿Estas segura?- me observo de pies a cabezas y yo asentí. –Bien. Como prefieras.- rió un poco. –Utiliza primero el baño.- lo señalo.
-Ok.- sonreí y me encamine hacia el. Y una vez en el, me cambie, colocándome la enorme camiseta, la cual cubría partes de mis muslos, como un camisón largo, y dormir sin nada bajo de ella seria una locura. – ¡¿Seth?!- grite aun desde el cuarto de baño.
-¿Si?- contesto.
-¿Tienes unas tijeras?
-Si.- respondió. –Están en la caja que hay bajo el lavamanos.- busque la caja, encontrando en ella, la tijera. Y sonreí.
-¡¡Gracias!!
-¡¡De nada!!- dijo riendo un poco.
No era una diseñadora profesional ni nada por el estilo, pero si sabia improvisar y dejar volar mi imaginación. Y con ella podía realizar grandes cosas con tan poco, como mi Jens por ejemplo, el cual estaba tan pegado a mis piernas, que lo sentía como si fuera una capa mas de mi piel y eso me estaba matando –no literalmente, claro-. Por lo que decidí quitármelo y, sin pensarlo mucho ni importarme como quedaría, corte las bocamangas, formando un short. Mi propio short.
“¡Perfecto!”, pensé mientras admiraba mi obra maestra, colocándomelo. “¡Y muy cómodos!”.
Al salir, Seth estaba desplegando el sofá y se quedo mirándome en cuanto pase por su lado derecho, directo a la cama.
-Creo que no necesitare convencerte.- rió un poco, rascándose su cabeza.
-Te dije que estaría bien.- me senté sobre la cama mirándolo. –Ya puedes utilizar el baño.- sonreí.
-Bien.- sonrió mirándome detenidamente por unos minutos. –Te sienta bien mi camiseta.- se giro y salio de la habitación hacia el baño.
-Ehmm… gracias.- sentía mis mejillas arder ante su cumplido mientras desaparecía. Y mientras sonreía y me ponía de pie para acomodar mi pelo en una coleta, note que no había terminado de acomodar su improvisada cama-sofá. Por lo que decidí hacerlo yo. Y lo hice, en un solo movimiento rápido. Era lo menos que podía hacer después de todo lo que el estaba haciendo por mi. Y al terminar, me recosté en la cama, acomodándome en ella de espaldas hacia donde se recostaría Seth.
Pasaron unos 10 minutos y oí a Seth salir del cuarto de baño, encaminándose hacia la habitación. Pero al llegar al sofá –ahora acomodado para que solo descansara- se detuvo.
Pude sentir su mirada en mi y tampoco hizo falta que me girara para saber que estaba sonriendo, porque lo estaba.
Se encamino en cuatro pasos pausados hacia el mueble, en el que se encontraba la vela aun encendida, sin dejar de mirarme.
-Gracias.- susurro tiernamente mientras soplaba la vela y volvía hacia el sofá-cama.
-De nada.- susurre en medio de la oscuridad, sonriendo, sin voltearme a mirarlo, dejándome absorber por el cansancio que aun rondaba en mi cuerpo.
El sueño fue el mismo que el de las dos últimas noches.
Aquel enorme lobo blanco seguía tomándome por sorpresa y repitiendo, en mi rostro, las mismas palabras. Pero ahora sonaban poco amenazadoras, como si fueran más una confirmación ante mi realidad, mi nueva realidad.
¿Seria posible eso? ¿Seria posible que este sueño, y el de mi primera noche en casa de Billy fueran eso? ¿Una confirmación?
En el momento en el que el lobo blanco me atacaba, desperté al sentir las manos de Seth en mis hombros, mientras yo sostenía con fuerza sus antebrazos en defensa ante el supuesto atacante de mis sueños. Y antes de que pudiera decirle nada, un aullido resonó cerca de la casa.
Solté sus antebrazos mientras el me sonreía y soltaba mis hombros, llevándose su dedo índice derecho hacia sus labios, reproduciendo el inconfundible y clásico gesto de silencio, mientras se enderezaba y giraba un poco hacia una cajonera, sacando de ella una libreta y un bolígrafo.
Mientras me acomodaba en la cama, sentándome, el escribía…
-<<Es Jacob>>- su letra reflejaba nerviosismo, pero era prolija y clara. -<<Ha estado llamándome desde hace horas>>- me entrego la libreta, mirándome fijo y sin dejar de sonreír.
-<< ¿Y porque no te fuiste en el primer llamado?>>- mi letra también reflejaba nerviosismo, pero no se debía por el hecho de que Jacob estaba cerca de la casa, sino por tener a Seth cerca mío y sentir su calor corporal muy cerca de mi cuerpo.
-<<Quería esperar a que despertaras de tu sueño>>- me miro fijo sin entregarme aun la libreta. -<<No paraste de moverte en la cama toda la noche>>- “¿Noche?”, pensé mientras leía y mire la luz que se colaba por las cortinas que cubrían la ventana de la habitación, recordando que en cuanto me recosté estas no estaban cerradas, por lo que deduje que Seth las había cerrado. Volví mi mirada hacia el, algo apenada por haberlo preocupado y gesticule en silencio con mis labios ‘lo siento’. -<<No te preocupes>>.- sonrió mientras escribía. -<<Lo que me preocupa ahora es como evitar que Jacob te vea en mis pensamientos>>.- me entrego la libreta y en cuanto lo leí mi sonrisa desapareció, dando mas leña al fuego de mi preocupación. Y mientras nos mirábamos, tratando de encontrar una salida a este nuevo desafío, el silencio nos envolvió a los dos, trayendo con él, el latir de dos corazones bombeando sangre y de respiraciones agitadas. Pero también trajo algo más…
-“¡Seth! ¡Sal ahora!”- un aullido acompaño al momento de las palabras, como si fueran una sola sintonía.
-“Debe haberse dormido con música”.- “¡Leah!”, pensé. Mis ojos se fijaron en la ventana y luego en Seth.
Aquello que estaba oyendo no eran palabras expresadas en voz alta, eran pensamientos. Estaba oyendo sus pensamientos. Los pensamientos de Jacob y Leah.
Este nuevo descubrimiento, esta nueva habilidad, dibujo en mi rostro una sonrisa histérica y nerviosa, mientras volvía a mirar a Seth. Pero en él solo sembró mas preocupación, tanto que sus manos tomaron las mías, en insistencia de que le dijera lo que estaba pasando conmigo en ese momento.
Libere mis manos de las manos calientes de Seth, tome la libreta y el bolígrafo y comencé a escribir en letras grandes…
-<< ¡PUEDO LEER SUS PENSAMIENTOS!>>- lo mire sonriendo, mientras él leía y volvía a mirarme. En su rostro cobrizo y hermoso se comenzó a dibujar aquella sonrisa que creí que no volvería a aparecer, por culpa de la preocupación. Tomo la libreta y el bolígrafo, y escribió.
-<< ¡ESO ES GRANDIOSO! ¿Y que están pensando? ¿Es solo Jacob?>>.- tome la libreta y escribí mientras negaba con mi cabeza ante su ultima pregunta.
-<<Leah esta con el. Y creen que te dormiste escuchando música>>.- el sonrió y señalo su reproductor mp3 sobre la pequeña mesa de luz que había a los pies de la cama, y yo sonreí, volviendo a mirarlo.
-“Entrare por el”.- pensó Jacob. Tome a Seth de los hombros, empujándolo hacia la puerta de la habitación sin hacer mucho ruido que alertara a Leah. Me gire por la libreta mientras él me miraba fijamente, algo sorprendido por mi reacción y fuerza.
-<< ¡ENTRARA A LA CASA POR TI!>>- escribí en letras grandes y se lo enseñe, colocando la libreta muy cerca de su rostro para que lo leyera. Me miro fijo y, sonriendo, dio un paso al costado, quitándose su camiseta y despeinándose un poco para dar la impresión de que estaba durmiendo. Tuve que desviar un poco mi mirada de el para no ruborizarme, e inconcientemente, la fije en la mesa de luz donde se encontraba su reproductor mp3 y, en ese momento, la luz de mis ideas locas se prendió. Me moví rápidamente y en silencio hacia la mesa, tome el mp3 y volví hacia Seth, entregándoselo. Él solo sonrió y gesticulo un ‘gracias’ mientras se colocaba los audífonos.
-“Quédate aquí. Me desharé de el en unos minutos”.- pensó claramente sin dejar de sonreír. Yo solo asentí sonriendo, feliz de que a el no le molestara mi nuevo y extraño don.
-¡Seth!- grito Jacob, entrando a la casa. Me sobresalte al oír su voz. Seth sonrió un poco más y, luego, se puso serio mientras abría la puerta de la habitación y salía al encuentro con Jacob.
-¡Wow! ¡Jacob! ¿Qué haces aquí?- Seth era buen actor. En su voz reflejo cansancio con un leve y corto bostezo.
-Tu hermana tenía razón. Te quedaste dormido con música, de nuevo.- Jacob sonaba cansado también. Y preocupado.
-Lo siento. Es que no tuve una buena noche…- otro bostezo fingido. Me sentía apenada al saber que, en parte, era verdad y todo por mi entupido sueño. – ¿En que puedo serte útil?
-Necesito que estés alerta, en caso de que veas o notes algo raro en esta zona.- Jacob estaba serio, su voz lo reflejaba. –El chupasangre nuevo cree que Row aun esta en Forks.- podía oír sus paso pesados y sus suspiros constantes cuando me nombro. Lo había lastimado al huir sin despedirme, sin decirle nada. Y eso solo hacia sentirme pero conmigo misma.
-Han estado muy activos, últimamente.- en la voz de Seth se iba haciendo presente la seriedad y cierto aire de ¿celos? ¿Enojo? – ¿Cuándo podré regresar a la manada?- y ahora su vos era seria y dura.
-Leah cree que aun necesitas mas tiempo para despejar tu cabeza.- era la primera vez que escuchaba la voz de Jacob llena de pena y lastima. ¿Pero porque? ¿Qué estaba pasando con Seth? ¿Por qué estaba alejado de su madre, de la manada y de sus amigos? El sonido de un libro siendo depositado duramente sobre la mesa, hizo que prestara mas atención en la charla privada, dejando para después las preguntas.
-¡Leah no tiene ni la mas minima idea de lo que necesito!- Seth estaba enfurecido. – ¡Ella no decide por mí!- dijo duramente, mientras un gruñido se oía. Era Leah, quien estaba atenta, como yo, a la charla entre su hermano y Jacob. –Además… tarde o temprano necesitaran de mi ayuda… Necesito volver a la manada, Jake. Necesito distraerme y…
-¿Qué es esto?
-¿Qué?- murmuro bajo Seth, sin entender.
-¡Esto! ¿Dónde encontraste esto?- instintivamente mire hacia la cama y note que el diario de mi padre no estaba. -¡Seth, contesta! ¿Dónde lo encontraste?
.Ehmm…cerca del río.- contesto dudoso.
-¿El que esta atravesando el camino?- oí como Jacob se acercaba a Seth a pasos gigantescos.
-¡Si, si! ¿Por qué?- Seth no tenía ni idea de lo que era. No había tenido la oportunidad de contarle nada. – ¿Qué es?- oí como se lo arrebataba de las manos de Jacob y comenzaba a pasar velozmente las hojas.
-Es el diario de Joshua Uley. Padre de Sam y de…
-Row.- dijo Seth, algo sorprendido.
-Si.- susurro Jacob y luego rió irónicamente. –El chupasangre de Fred tenía razón. Row aun esta en Forks. Esto lo confirma.
-¿Y que pasara ahora?
-La seguiremos buscando. Puede que este cerca de aquí, tal vez en las montañas.- “No te imaginas cuan cerca esta”, pensó Seth y no pude evitar sonreír. – ¿Estas seguro que quieres volver? Aun puedes tomarte más…
-Estoy muy seguro.- afirmo Seth. –No necesito más tiempo.
-Ok. Tu primera labor es permanecer aquí, estar atento por si ella aparece.- oí como ambos se encaminaban al porche. –Ella no te conoce en forma humana, por lo que es posible que te pida ayuda si te encuentra aquí.- “¡Por favor! ¿Tan estupida la crees?”, pensó Seth y robo otra sonrisa de mi rostro. –Tu otra labor será leer esto. Puede que nos diga algo sobre algún sitio aquí, en Forks, donde ella pueda ir.
-No era esto lo que tenía en mente. Pero…
-Créeme, preferirías quedarte aquí y hacer esto, que estar con nosotros.- Jake palmeo el hombro de Seth. –Si descubres algo en el diario o…
-Si ella aparece te llamare.- interrumpió Seth.
-Estaré atento a tu llamado.- dijo Jacob mientras lo oía correr.
Me senté en el suelo, sintiendo como la culpa iba apoderándose de mi. Culpa por herir a Emmett, Jasper y Fred, culpa por la preocupación con la que ahora cargaba Jacob y culpa por involucrar a Seth en esto.
Estaba arrastrando a todos en mi desdicha de ser lo que era, poniéndolos en peligro constante. ¿Y para que? ¿A quien mas tenia que arrastrar en esto? ¿Quién mas se involucraría en mi defensa, dejando atrás su vida?
Las manos de Seth me tomaron por sorpresa, mientras las sostenía y despejaba mi rostro oculto en ellas. Mirándome fijamente a los ojos.
-Tranquila… Ya se fueron.- con su mano derecha, corrió un mechón de mi rostro y sonrió tiernamente. Sus ojos aun estaban fijos en los míos y su mano izquierda sobre las mías.
-¿Por qué lo haces, Seth?- susurre sin dejar de mirarlo. – ¿Por qué me ayudas?
-Porque se lo que es que otros tomen decisiones por ti y que no puedas escapar de ellas.- dijo seriamente sin dejar de mirarme. –Ven… necesitas tomar aire.- me tomo por los hombros, colocándome de pie junto con el. –Y creo que también necesitas alimentarte… tus ojos están algo oscuros.- sonrió de lado y tomo mi mano derecha y me arrastro con el fuera de la habitación.
-¿A dónde vamos?- pregunte al tiempo que trataba de no tropezarme y sin poner resistencia.
-Ya lo veras.- dijo riendo y sin soltar mi mano.
Al salir de la casa, el día soleado cegó mis ojos. Era otro atípico día calido en Forks. La tierra bajo mis pies desnudos estaba caliente, la brisa era fresca y el cielo mostraba su celes típico y sin rastros de nubes en el.
Era un hermoso día.
Seth aun sostenía mi mano mientras me guiaba y corríamos através del bosque, -el cual mostraba su hermoso compose de verdes y marrones-, hasta llegar a un prado enorme, ubicado a los pies de las montañas.
Una brisa pasajera trajo el aroma de unos ciervos y mi garganta ardió, produciendo en su interior un siseo. Seth se giro para mirarme y, sin soltar mi mano, sonrió un poco mientras se acuclillaba. Copie su acción y lo mire fijo.
-“Que tengas un buen provecho”.- pensó mientras me miraba fijo. –“Tomate el tiempo que necesites”.- soltó mi mano y se movió un paso hacia la izquierda para darme lugar.
-Gracias.- susurre. El asintió y me regalo una última sonrisa.
Era la primera vez que cazaba sola. Y no lo había hecho desde la última vez que estuve con Fred.
Como una leona, me moví entre los árboles y arbustos, asechando a mi presa. Y cada ves que la brisa corría, me traía el aroma de los ciervos, haciendo que mi garganta ardiera de deseo y sed por aquella sangre.
Mi victima se encontraba a unos tres metros de mí. Y solo me tomo un minuto saltar sobre ella, romper su cuello con un brusco movimiento de su cabeza y dejar caer su cuerpo muerto sobre el pastizal, mientras los demás ciervos huían ahuyentados.
Solo me basto otro minuto para que mi lado menos humano –mi lado vampirico- saliera a la superficie y se hiciera presente, mientras me arrodillaba y acercaba mi boca al cuello de aquel cuerpo inerte y sin vida que yacía frente a mi, succionando si limpia y aun caliente sangre de el, solo para calmar el fuego que la sed producía en mi garganta.
Y vaya que lo hacia.
Una vez satisfecha y sin rastros de fuego en mi garganta, me enderecé y gire al tiempo que oí a Seth salir del bosque a mi encuentro. Pero al mirarlo, note que sus ojos estaban clavados en el cadáver que yacía a mis espaldas.
-No tienes porque ver esto.- dije algo apenada y avergonzada, mientras limpiaba mi boca con mis manos para sacar cualquier rastro de sangre.
-Tranquila. No me molesta.- me miro y sonrió, acercándose a mí. –Solo estoy sorprendido. Eres muy ‘certera’ a la hora de alimentarte.- rió un poco. –Yo, sin embargo, soy muy desordenado y sangriento a la hora de cazar.
-¿Me estas queriendo decir que te alimentas de ciervo?- di un paso hacia el y sonreí incrédula ante sus palabras.
-Como lobo, si.- me miro fijo. –Aunque, para serte sincero, hace mucho que no cazo como lobo.- reí un poco. –Ven, hay un arroyo cerca de aquí. Ahí podrás lavarte.- miro mis manos llenas de sangre y se giro para guiarme el camino.
Seguir su caminar no era complicado –al menos no después de haberme alimentado-, mientras el silencio volvía a ser nuestro compañero poco deseado.
Seth caminaba a unos pasos mas adelante, siendo el guía, y solo se giraba, de vez en cuando, para asegurarse de que estuviera aun allí.
Leer sus pensamientos tampoco resulto difícil. Estos gritaban en su cabeza, mostrándome mi asecho y casería, mostrando el antes y el después de mi ropa llena ahora de sangre, y enseñándome el cambio que produjo la sangre en mi. No pude evitar sonreír cuando note que pensaba en el brillo de mis ojos y, esto, hizo que mis mejillas ardieran de la vergüenza.
-Llegamos.- se detuvo de golpe, colocándose sobre su costado izquierdo para dejar que viera el lugar. El cual era hermoso.
Una pequeña cascada caía de uno de los costados de la montaña y formaba un pequeño arroyo de agua cristalina y fresca. Los árboles se inclinaban, como si trataran de ocultar aquel lugar. La brisa, fresca y ligera, traía a mi rostro junto con ella pequeñas gotas de agua. Y para coronar aquel mini paisaje privado y oculto del mundo, un arco iris se posaba, de lado a lado, como una corona de bienvenida.
No podía evitar sonreír ante la hermosura de aquel lugar, ni tampoco moverme rápido y llegar a un costado de la cascada, colocando mis manos bajo el agua fría y cristalina, quitando la sangre de ellas y mojando mi rostro.
Seth se sentó a la orilla del arroyo, en una piedra y me observaba mientras sonreía.
-Esto es hermoso.- camine hasta el, sin dejar de ver la cascada ni de sonreír.
-Me alegra que te guste y… ¡Ey!... ya no tienes sangre en tus manos.- las señalo sonriendo.
-¡Lo se!- me senté a su lado y reí un poco. –Gracias.- susurre mirándolo fijamente. –Por todo.
-No tienes porque agradecer.- sonrió. Y nos quedamos mirándonos por unos minutos, hasta que saco el diario de mi padre, que estaba oculto bajo su remera. –Lamento ser aguafiestas pero…- hizo una mueca de pena y me miro. –Necesito saber que es lo que dice.- lo coloco en mis manos suavemente. –No sin antes pedirte permiso para leerlo.
-Aun no lo he leído.- murmuré mientras miraba el diario en mis manos. –Y no tienes porque pedirme permiso.- se lo entregue mirándolo seria. –Jacob te dio una orden y deberías cumplirla.
-Si. Lo se. Pero nunca esta de más pedir permiso.- sonrió de lado. Necesitaba calmarme. El no tenia la culpa de mi enojo conmigo misma por lo que era, ni tampoco por no saberlo.
-¿Puedo preguntarte algo?- lo mire al tiempo que exhalaba y me calmaba.
-Las que quieras.- sonrió ampliamente.
-¿Por qué Jacob te ordeno mantenerte alejado de la manada y de tu familia?- Seth bajo su mirada sin dejar de sonreír.
-No fue el quien lo hizo.- volvió a mirarme. –Fui yo.- se coloco de pie y comenzó a caminar. –Debemos regresar.- susurro sin mirarme.
-¿Por qué lo hiciste?- me moví rápido y me coloque frente a el, impidiendo que avanzara y sorprendiéndolo.
-Porque necesitaba olvidar cosas…- se acerco a mí sin dejar de sonreír. –Ciertos… momentos y hechos por los que pase.- sus pensamientos gritaban un nombre y, junto con ellos, la imagen de una mujer.
-¿Ashlyn?- susurre. El asintió, pasando por mi costado derecho. – ¿Qué sucedió con ella?- comencé a caminar a su lado, sin dejar de mirarlo.
-Falleció a principio de año.- su voz se lleno de dolor. Me detuve de seco, sintiéndome una completa insensible por tener que recordárselo.
-Lo siento.- le dije apenada. El se detuvo y me miro aun sonriendo.
-No te preocupes.- dijo. –Ya paso.- movió su cabeza en señal de que lo siguiera, mientras comenzaba de nuevo a caminar.
-¿Cómo se conocieron?- le pregunte al llegar de nuevo a su lado, tomándolo del brazo.
-Éramos compañeros en la escuela.- rió un poco. –Era la única amiga que tenia fuera de la manada. Y la única que, cuando faltaba, me pasaba los deberes del día.- me miro y suspiro. –Ella era muy especial.- susurro. –Un día, paseando por la playa, nos encontramos con Jasper y Edward.- volvió a mirarme. –Me dijeron, en secreto, lo que ella sentía por mi.- sonrió de lado.
-Que ella estaba enamorada de ti.- susurre sin dejar de mirarlo. El volvió a asentir.
-Y lo de su enfermedad.- susurro triste en un suspiro. –Ashlyn sufría de leucemia desde que tenía 4 años.- suspiro de nuevo. –Y el nuevo tratamiento no estaba dando resultado. Su cuerpo ya no aceptaba mas ayuda y se estaba dando por vencido.- su dolor, por recordar, se hacia cada vez mas presente. –Por lo que tome la decisión de pedirle que fuera mi novia.- sonrió de lado. Y no pude evitar devolverle una sonrisa. –No me separe de ella en ningún momento. Ni siquiera cuando ella falleció en mis brazos.- aquel dolor que Seth sentía por recordar, se había trasladado a mi, sintiendo que mis ojos se llenaban de lagrimas y que lloraría por aquella historia, por su historia.
El silencio nos acompaño a ambos, mientras seguíamos caminando, sin darnos cuenta de que estábamos en el camino que guiaba a su casa.
En mi cabeza aun giraba aquel gesto que había hecho feliz a Ashlyn. Y solo me hizo admirarlo aun mas como persona. Seth era un buen muchacho.
“No debió ser fácil para el”, pensé mientras aun lo miraba fijamente.
-¿Fue por eso que decidiste aislarte de todo y de todos?- el asintió.
-Así es.- me miro, mientras ambos nos deteníamos frente a la casa, colocándonos cara a cara. –No quería que la manada cargara con mi dolor y los recuerdos.- suspiro pesadamente. –Solo quería pasar el duelo solo, sin que se vieran obligados a pasar por lo que yo estaba pasando en esos momentos.
-Aun así, ellos te apoyarían.- lo mire a los ojos. –Entenderían tu dolor y…
-No, Row.- sonrió de lado. –Ellos nunca entendieron como es que estuve de novio con Ashlyn.- dio un paso mas hacia mi. –Nunca entendieron como es que, alguien como yo, estuvo de novio con una chica como ella sin que se produjera la imprimación.- pero antes de que pudiera preguntarle de que hablaba y que era eso de la imprimación, unas pisadas que provenían de adentro de la casa, hicieron que Seth y yo claváramos nuestros ojos en la entrada, esperando que aquella persona extraña saliera a nuestro encuentro. – ¡¿Quién es?!- grito Seth, mientras se colocaba delante mío como escudo.
-¡Tranquilo Seth!- su voz apaciguadora la reconocía. Tanto, que no hacia falta tener que leer sus pensamientos para asegurarme de quien era.
-¿Qué haces aquí Edward?- mi enojo se estaba haciendo presente. Y no solo se debía a que Edward nos sorprendió a Seth y a mí, sino que también se debía a que, si quería mantenerme oculta, debía ser más cuidadosa y estar alerta todo el tiempo. No podía dejar que me sorprendiera así. Pero ¿Cómo ocultarme aquí sin poner en problemas a Seth con Jacob? ¿Y sin que nadie lo supiera ahora que Edward estaba aquí?
-¿Edward?- repitió Seth, relajando su postura. Edward salio de la casa, deteniéndose en el porche.
-Hola Seth… Row…- su hermoso rostro tenia tallado una sonrisa de lado y brillaba por el rebote de los rayos UV. Brillaba como un diamante expuesto al sol. Seth me miro y pensó: “¿Sabes lo que quiere?”, negué con mi cabeza al tiempo que mis ojos volvían a depositarse en Edward. –Solo vine a ayudarte con el diario de su padre, Seth.- contesto y se encamino hacia nosotros. –Me alegra que estés bien y saludable. Seth tuvo suerte de encontrarte sana y salva.- sonrió maliciosamente y pensó: “Si Jacob se entera que Seth te estuvo ocultando…”, negué con mi cabeza al tiempo que apretaba mis puños. Seth no tenia la culpa y lo que menos quería era que peleara con Jacob a causa mía. Edward suspiro pesadamente y miro a Seth, quien no entendía lo que estaba pasando. “Se que te preocupa su seguridad, lo veo en tus pensamientos. Seth no tiene la culpa de ser tan buen samaritano”, pensó.
-¡Ahhrg!- grite furiosa y me gire dándoles la espalda a los dos, cruzando mis brazos sobre mi pecho. – ¡¿Qué quieres que haga?!- mi voz estaba llena de enojo.
-¿Qué?- susurro Seth mirándome.
-Regresar a casa.- aun estaba tranquilo y seguro de lo que pedía.
-¡¿Para que?!- me gire a mirarlo furiosa. – ¡¿Para ponerlos en peligro?! ¡¿Para atacarlos?! ¡No!- grite. – ¡Rosalie tiene razón! ¡Soy un peligro para ustedes Edward!
-¡Rosalie no sabe lo que dice!- se acerco a mi un paso, pero Seth le impidió que diera otro paso mas, colocándose frente a el. Edward lo miro fijamente y suspiro. –Solo defendías tu postura.- volvió a mirarme. –Solo queremos ayudarte.
-¿Cómo?- me acerque a el, pero quedándome a resguardo de Seth.
-Hay alguien que puede ayudarnos a saber mas de ti.- sonrió amable. –El puede ayudarnos a tener, al menos, una idea de tus dones. Y de lo que eres.- en sus pensamientos resonaba el nombre de un hombre. Eleazar. ¿Pero quien era este y que podía hacer por mí que no hayan hecho ya los Cullen? Sintiendo mi derrota a flor de piel, tomo la mano de Seth y lo obligue a mirarme, asintiendo. Seth relajo su postura y me miro sin entender.
-Esta bien.- volví a mirarlo y note que sus ojos estaban clavados en como mi mano sostenía la de Seth. –Regresare. Pero con una condición.- Edward volvió a mirarme.
-La que desees.- sonrió de lado.
-No quiero oler ni beber sangre humana. Ni que me sigan si veo que no pueden ayudarme.- mire a Seth. –Prefiero llevar mi duelo sola.- le sonreí un poco y el me devolvió la sonrisa, entendiendo el porque lo decía, apretando mi mano y mirándola.
-Condiciones aceptadas.- dijo Edward.
-¿Lo juras?- lo mire seria.
-Lo juro.- miro directo a mis ojos. Y note en los suyos que no mentía. –Seth ¿puedes llevarla a casa?- lo miro sonriendo y este, luego de unos minutos de mirarlo, asintió sin decir nada. “Los veré allá”, pensó Edward, mirándonos a Seth y a mi por varios segundos, encaminándose hacia el bosque y desapareciendo.
-Iré por mi moto.- susurro Seth, soltando mi mano y encaminándose al pequeño garaje. Me quede mirándolo mientras se alejaba.
Necesitaba saber mas sobre mi y este tal Eleazar parecía tener las respuestas. Pero mas que nada, necesitaba asegurarme de que Seth no se viera implicado en problemas por mantenerme aquí oculta.
Ya bastante había causado daño y preocupación, como para complicarlo mas metiendo en problemas a Seth con Jacob. El ya tenia suficiente con el dolor por la perdida de Ashlyn.
Luego de dos minutos, Seth apareció empujando una moto, acercándose hacia mí.
-¿Estas bien?- mire su rostro, serio y molesto.
-Contéstame una cosa.- dijo duramente, mirándome. Asentí mirándolo. – ¿Lo haces por mi? ¿Regresas a la casa de los Cullen solo por miedo a lo que Jacob pueda hacerme si se entera de la verdad?- sus manos apretaban el casco que tenia en sus manos.
-En parte si.- suspire y baje la mirada. –Y en parte, porque quiero saber mas de mi.- susurre. –No quiero seguir huyendo de lo que soy. Y menos lastimar a las personas que me han ayudado.- lo mire directo a los ojos. El asintió, relajando su enojo y, luego de unos minutos de mirarme, me entrego el casco, subiéndose a la moto.
-Sube.- ordeno. Y así lo hice.
El camino estaba despejado y la brisa –que golpeaba mi rostro debido a la gran velocidad a la que Seth manejaba- era fresca.
Me aferre mas a su torso caliente, tratando de hacer oídos sordos a sus pensamientos, que iban de preguntas como “¿Quienes estarían allí esperándote?” a preguntas mas dolorosas como “Si huyes ¿vendrás a visitarme?”
-Lo haré.- susurre triste. Y Seth acelero mas la moto.
Al llegar a la casa Cullen, note que todo estaba en silencio. Todo menos el bosque. Jacob, Leah, Embry y Quil estaban en el, tratando de deliberar que es lo que hacia aquel vampiro de nuevo en Forks.
“¿De nuevo?”, pensé al tiempo que Seth detenía la moto en la entrada.
-“Llegamos”.- pensó mientras oía como la puerta principal se abría. –Hola Emmett.- sonrió de lado mientras me bajaba de la moto y le entregaba el casco.
-Pequeño Seth… Row.- se detuvo a dos escalones y me miro sonriendo.
-Emmett.- lo mire apenada. Volví a mirar a Seth. –Gracias por traerme.- note que, a sus espaldas, Fred salía del bosque mirándome fijamente, pero no se acerco mas de lo que le permitían los árboles estar a cubierto. Aun lucia como la ultima vez que lo había visto. Hermoso y peligroso, con su sonrisa torcida y rostro que ocultaba la felicidad bajo un semblante serio.
-No tienes porque.- dijo Seth, entregándome el diario de mi padre. –Cuídate ¿si? “Y ya sabes donde encontrarme si necesitas asilo”.- pensó. Y no pude resistir el impulso de abrazarlo. Y el hizo lo mismo.
-Lo haré.- le susurre. –Gracias por todo.- lo solté y me gire para enfrentar lo que me esperaba dentro, mientras que Seth ponía en marcha la moto, desapareciendo del lugar.
-Veo que has hecho nuevas amistades.- susurro Emmett en tono burlón mientras sostenía la puerta para mi, robando una leve risilla de mi rostro.
-Lamento lo de la otra noche. No fue mi intención…
-¡Oh, olvídalo!- sonrió. –No paso nada. Pero tendrás que enseñarme ese movimiento.- me encamine al living.
-Pagaría por ver eso.- Jasper se pudo de pie, mirándonos a ambos y sonriendo de lado. –Emmett es el mas lento en aprender.- miro a su hermano y luego a mi. –Tendrás que armarte de mucha paciencia.- asintió en señal de saludo.
-Jasper.- lo salude sonriendo un poco. –Lo…
-Ahórratelo.- dijo sin dejar de sonreír. Asentí y suspire, sintiéndome algo aliviada en ver que ninguno de ellos me guardaba rencor.
-¡Row!- Esme bajo las escaleras rápidamente directo hacia mi. – ¿Dónde has estado niña? Nos tenias muy preocupados.- me abrazo tomándome por sorpresa.
-Lo siento.- dije apenada, devolviéndole el abrazo.
-Lo importante es que estas aquí sana y a salvo.- sonrió tiernamente, tomándome de las manos. –Alice se pondrá muy feliz al saber que ya estas aquí.- mire a Jasper, quien no dejaba de sonreír.
-Ya lo sabe Esme.- miro a su madre adoptiva. –Fue por eso que fue de compras.- oí la leve risa de Emmett y la de Edward, quien apareció a la par de su hermano Jasper. “¡Genial, ropa nueva y costosa para destrozar!”, pensé y oí a Edward volver a reír bajo.
-Veo que todos te dieron ya la bienvenida.- dijo Carlisle, bajando las escaleras todo sonriente, seguido por un hombre alto, pálido y de ojos amarillos, iguales a los de los Cullen, que no paraban de mirarme detenidamente. “¿Vampiro?”, pensé y Edward me contesto: “Así es”. –Es bueno saber que estas bien.- tomo mis manos.
-Carlisle.- mis ojos estaban clavados en el nuevo integrante de los Cullen.
El silencio se apodero de todos, mirándonos unos a los otros, esperando a que aquel extraño hablara. Pero no lo hizo.
Bajo las escaleras en silencio, seguido por una mujer muy bella. “¿Su esposa?”, pensé sin tener que mirar a Edward para saber que estaba atento aun a mis pensamientos.
-Estas otra vez en lo cierto.- contesto amablemente.
-Row, quiero presentarte a un buen amigo de la familia.- dijo Carlisle. –Eleazar Denali.- sonrió al extraño y este lo miro serio y algo asustado. –Eleazar, ella es Row Mcfilson, de quien te estuve hablando.- y otra vez el silencio.
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